La propaganda oficial oculta los movimientos migratorios de alemanes nativos al interior de Alemania que por causa del asentamiento forzado de africanos y árabes deben

migrar a buscar residencia en otras ciudades y poblados en los que seguir con su modo de vida, existen múltiples casos que comienzan a dar cuenta de una tendencia cada vez mayor, como es el de una vecina del municipio Münich publicada el 14 de Octubre en el periódico Tageszeitung.

“Hoy quiero escribirle una carta de despedida (Abschiedsbrief) sobre por qué mi familia y yo nos marchamos de la ciudad, aunque probablemente a nadie le importe.

Tengo 35 años, y vivo aquí con mis dos hijos pequeños y mi marido en una buena casa adosada con garaje. Así que podrá observar que nos va bastante bien para los niveles de Múnich. Vivimos muy bien, con mucho espacio y cerca de un parque. Así que, ¿por qué una familia como la nuestra decidiría marcharse de la ciudad? […]

Supongo que usted y sus hijos no usan las instalaciones públicas; que no utilizan el transporte público; y que no van a colegios públicos en “zonas conflictivas”. También supongo que usted y otros políticos rara vez dan un paseo por aquí, si es que lo dan.

Pues bien. Un lunes por la mañana, acudo a un desayuno de mujeres del barrio, organizado por el Ayuntamiento de Múnich. Allí me reúno con unas 6 u 8 madres, algunas con sus hijos. Todas ellas llevaban velo y ninguna hablaba alemán. Los organizadores del evento me informaron enseguida de que probablemente me resultaría difícil integrarme allí (¡con esas exactas palabras!). Debí señalar que yo era alemana. Hablo alemán con fluidez y no llevo velo. Así que esbocé una breve sonrisa y dije que trataría de integrarme. Por desgracia, llevé un bocadillo de salami y jamón para el desayuno, ya que a todas se nos había pedido que lleváramos algo. Así que, lógicamente, mis posibilidades de integrarme eran cada vez menores.

No pude hablar en alemán con nadie en ese desayuno con mujeres, cuyo supuesto fin es promover la integración, ni nadie tenía el menor interés en hacerlo. Los organizadores no insistieron en que nadie hablara alemán, y las mujeres, que parecían ser parte de un grupo establecido árabe-turco, sólo querían utilizar la sala.

Después pregunté sobre el almuerzo con las familias. […] Me avisaron de que se haría en salas separadas. Los hombres por un lado y las mujeres por otro. Al principio pensé que era una broma. Por desgracia, no lo era. […]

Así que mi impresión de estos eventos para promover la integración es desastrosa. ¡No se produce ningún intercambio! ¿Cómo puede tolerar el Ayuntamiento de Múnich algo así? A mi juicio, se debe cuestionar el concepto general de estos eventos para promover la integración. ¡Se me informó de que no podía incluir cerdo en la cesta de la comida de mi hijo! ¡¿Oigan?! ¡Que estamos en Alemania! […]

En resumen, vi una serie de circunstancias que hicieron que no me sintiera bien recibida aquí. Que nuestra familia no encaja aquí. Mi marido dice a veces que se siente como si fuésemos la minoría más numerosa, sin un lobby que nos defienda. Para cada grupo hay una institución, un centro, un interés público, pero para nosotros, una pareja heterosexual casada con dos hijos, con trabajo, sin discapacidades y que no profesamos el islam, para gente como nosotros, no hay ningún interés de nadie.

Cuando conté en el parvulario de mi hijo que estábamos sopesando mudarnos de la ciudad y expliqué los motivos, los directores me atacaron con vehemencia. Por gente como nosotros –decían– no funciona la integración, precisamente porque nos llevamos a nuestros hijos. Al menos otras dos madres se han vuelto muy intimidatorias. La dirección del colegio me ha tachado ahora de “xenófoba”.

Esta es exactamente la razón por la que gente como yo perdemos la paciencia y optamos por votar a otros partidos políticos […] Francamente: he recorrido medio mundo, tengo más amigos extranjeros que alemanes, y no tengo en absoluto ningún prejuicio o aversión hacia otros a causa de su origen. He visto mucho mundo, y sé que el modo en que se está llevando a cabo aquí la integración hará que otras personas lleguen a la misma conclusión que nosotros: o enviamos a nuestros hijos a colegios y guarderías privadas, o nos mudamos a otras comunidades. En fin, pues ¡hasta la vista!”.

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