Fue a finales del 2010 que se genera en el ambiente el inexplicable fenómeno Bachellet, el apoyo ciudadano llego a un 84% de popularidad (segun la encuesta CEP), el

"carisma" de la mandataria le entregaba esa magia que la masa votante prodiga con tanta facilidad, solo bastaba que sonriera con la mano en su corazón para que sus fans rugieran de gusto cubriendo su evidente falta de destrezas gubernativas con la emoción que el sesgo y el marketing pueden otorgar, atrás, olvidados quedaron acontecimientos que señalaban la precariedad de sus destrezas;

 

El momento campañero en donde confundió el manejo del dolar y su incidencia en el mercado bursátil o el momento que en Alfredo Jocelyn Holt la acuso de inconsistente y de ser un "producto del marketing".   

 

"En concreto pienso que es usted un producto de marketing mediático, populista, una carta tapada, no reconocida aún, de la fuerza militar. Le agradecería mucho que usted, más allá de un mero desmentido de lo que he dicho, fundamente por qué no deberíamos sentir, por lo menos yo, esta fuerte desconfianza"

Alfredo Jocelyn Holt

La falta de opiniones concretas o de compromisos terminantes no fue impedimento para que la masa votante la elevara a los altares de la república, así la incapacidad se convirtió en un nuevo estilo de liderazgo. Hoy colisiona con la realidad hundiéndola bajo el veleidoso comportamiento de la masa encuestada, los mismos que la ensalzaron la apuntan con el dedo exigiéndole aquello que es incapaz de dar; conducción y gestión de las políticas que el Chile del siglo XXI requiere, Bachellet se convirtió en un producto del marketing que al igual que una hamburguesa de marca transnacional se ve apetitosa y deliciosa por foto pero al comerla sabe rancia e incipida y claramente no se ve como las que nos vendieron en la foto.

 

Pese al fiasco, la amenaza de los productos del marketing vuelve a apuntar a la Presidencia; Guillier y Farkas son los "nuevos Bachellet" con atributos amplios y poco definidos que amenazan con aliarse con las difusas creencias de la masa.

 

Alejandro Guillier

 

Su principal merito es el tener "credibilidad" un atributo particularmente volátil en su caso ya que ésta característica surge de sus años como lector de noticias y luego como polemizador en el programa "tolerancia cero" desde ambas tribunas destaca por el manejo como inteligente orador y diestro inquisidor, sin embargo, la exposición publica y las destrezas de la palabra no son suficiente respaldo al momento de hablar de Gobierno, tener opinión de temas políticos no dice relación con tener gestión ni contar con las destrezas necesarias para la coordinación y la conducción del enorme aparataje del Estado, sus virtudes de la palabra no son testimonio para suponer que será capaz de orientar, inspirar y enrielar los ímpetus que existen en los partidos políticos, ni mucho menos suponer que tendría la legitimidad para pararse frente a su conglomerado y esperar que sea seguido como una figura de respeto.

 

Desde que Guillier fue fotografiado en La Moneda, en el contexto de una asesoría comunicacional a los ministros, se hicieron conocidas sus excelentes relaciones con el entorno presidencial, especialmente con el jefe de la Secretaría de Comunicaciones, Juan Carvajal, de quien fue compañero en la Universidad del Norte, en Antofagasta.

 

Leonardo Farkas

 

Es el menos serio de los "productos del marketing" y el mas anodino al ser consultado como figura presidencial, su atributo a calado hondo en sus seguidores quienes lo han convertido a el (farkas) y a su ego en un mago solucionador de problemas, no importa si es un desastre, un atrapamiento de mineros, un artista, o un gimnasta ahí estará el, y su ego, para solucionarlo con la varita mágica del dinero, con ese atributo jamás penetrara profundamente en los electores mas informados pero le sera fácil entrar en la masa visceral.

 

Sus credenciales como líder tienen el limite de su billetera ya que su fortuna no es mas que el fruto de la conveniencia marital, no tiene legitimidad ni destrezas para gestionar el aparato de lo publico, fantasear con Farkas presidente es comenzar con el brillo y terminar con una pesadilla.

 

"La culpa no es del chancho sino de quien le da el afrecho", interpreta el momento institucional que se vive en Chile; un descontento que apunta a los partidos políticos a sus productos (candidatos políticos)  y subproductos (empresas afiliadas) pero que no cuestiona la fuente del poder; los votantes, aquella masa desforme que hace poco se dejo conquistar por Bachellet y que hoy a juicio de las encuestas parece ser seducida por nuevos "productos del marketing" que repetirán nuevamente el ciclo de la decepción.   

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