Todo parece derrumbarse; la economía no funciona, el desempleo crece y aun peor no crecerá en el futuro, las instituciones se desmoronan al carecer de credibilidad, los

líderes antes ensalzados hoy carecen de moral, el descontento social se esparce en forma de marchas (el que no llora no mama) en suma todo lo que nos rodea está mal y de seguro estará peor, no solo porque los encargados de administrar el poder sino porque “yo” soy un simple observador de mi propia desgracia.

La economía no funciona

La economía chilena, es según el economista de america, (http://www.eleconomistaamerica.cl/actualidad-eAm-chile/noticias/4868165/05/13/Chile-las-ventajas-de-una-economia-abierta.html) una de las economía más abiertas del mundo, esto quiere decir que Chile no depende de sí mismo para subsistir sino que depende de múltiples poderes transnacionales, convirtiéndolo en un colectivo dependiente de factores exogenos a nuestras propias decisiones, por ende no se trata que la economía este mal hoy, sino que es una economía precaria desde su fundación; no posee un sector industrial que permita incentivar el desarrollo, tampoco genera integración entre sus múltiples actores, se concentra en labores extractivas en poder de pocas manos lo que termina estancando el país al ritmo de la comodidad de unos pocos dueños del capital. Frente a la crisis bursátil de 1929 Chile debió sufrir el azote financiero con el rotulo de la "economía mas abierta" del mundo.

El desempleo crece y aun peor crecerá en el futuro

La base económica de Chile es esencialmente extractiva y financiera, esto quiere decir que si los precios de las materias extraídas bajan por efectos ajenos a la realidad nacional, eso se traducirá en desempleo, el otro soporte de nuestra economía son los “negocios” financieros expresión del malabarismo y la prestidigitación propia de la usura. La alta vulnerabilidad y precarizacion del trabajo es fruto de variables estructurales que señalan a la falta de industrias competitivas como un factor de seguridad que proyecte en el tiempo las estabilidad de los trabajadores y sus familias, por ende el problema no es la baja o alza del valor de X o Y acción sino la dependencia endémica de nuestro país de sectores económicos poco competitivos como los descritos.

Descontento social

Marchas por aquí, otras por acá, por las afp, por la salud, por la educación, las más notorias permean a la sociedad y fuerzan a la opinión en cada tema, sin embargo, lo que se consigue tras cada marcha es siempre insuficiente y jamás satisface las ambiguas reclamaciones de masa; “educación de calidad”, “pensiones dignas”, “presos políticos” terminan antojadizamente enarboladas por el oportunismo de nuevos líderes dispuestos a administrar el descontento social en pro de sus propias ambiciones de poder. Al analizar la historia patria veremos que siempre existe descontento por parte de algún sector de la sociedad, justificado o inventado, sea como fuere la esencia de cada reclamación esta íntimamente ligada al liderazgo que cada causa implique, así la virtud impondrá  cambios legitimados por el sacrificio y por el contrario la mera ambición solo conllevara a la frustración endémica de un sociedad acostumbrada al fracaso.

Observador de mi propia desgracia

Las obligaciones laborales y familiares por otro lado secuestran el tiempo de cada miembro social, encarcelándolo en su rol de consumidor-votante condenado a consumir dos horas diarias en transporte, largos momentos de espera si estoy enfermo o sujeto a tramites burocráticos, en suma nuestra sociedad se acostumbro al fatalismo cotidiano de vivir en un régimen cuyo gobierno se sostiene por empresas nuestras vidas.  

La crisis existe pero todos los elementos constitutivos que la expresan han existido en Chile desde su fundación y no son el resultado de un proceso de decadencia del presente modelo, sino la expresión de un régimen cuyo funcionamiento requiere de crisis periódicas, los problemas de hoy son en esencia los mismos de hace 40, 80 y 120 años atrás, son el resultado del secuestro de nuestro trabajo cotidiano y de la anulación de nuestro trascendente espíritu comunitario, el vencerlo esta en cada uno de los miembros de ésta comunidad trascendente, expresando en hechos y alternativas el futuro que individualmente confluye hacia lo comunitario y luego se dispara hacia lo alto.

El problema no se llama crisis, se llama democracia de partidos políticos

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